Gestalt Costa Este y Costa Oeste: dos perspectivas de la Terapia Gestalt

Cuando hablamos de Terapia Gestalt hacemos referencia a un enfoque humanista, experiencial y holístico que entiende a la persona en relación con su entorno.

Desde sus orígenes, la Gestalt ha puesto especial atención en los procesos más que en los contenidos: en cómo vivimos lo que nos sucede, cómo nos relacionamos, qué sentimos y de qué manera nuestra experiencia se organiza en el presente.

Conceptos como el darse cuenta (awareness), el aquí y ahora, la autorregulación organísmica, el contacto, el autoapoyo y la responsabilidad forman parte de sus fundamentos.

Sin embargo, a lo largo de su historia se han desarrollado diferentes maneras de comprender y llevar a la práctica estos principios. Dos de ellas se han identificado tradicionalmente como las perspectivas de la Costa Oeste y la Costa Este de la Terapia Gestalt.

Conocer sus diferencias nos permite comprender también la evolución de la propia Gestalt: desde una práctica que en determinados momentos puso un fuerte énfasis en la experiencia individual hasta desarrollos que han profundizado especialmente en la relación terapéutica, la fenomenología y la Teoría de Campo.


Un origen común: Fritz y Laura Perls

La Terapia Gestalt comenzó a desarrollarse durante las décadas de 1940 y 1950 a partir del trabajo de Fritz y Laura Perls, junto con las aportaciones posteriores de autores como Paul Goodman, Ralph Hefferline y otras figuras del grupo de Nueva York.

En 1951 se publica Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality, de Fritz Perls, Ralph Hefferline y Paul Goodman, texto fundamental para la formulación teórica de la Terapia Gestalt.

Un año después, Fritz y Laura Perls fundan el New York Institute for Gestalt Therapy, alrededor del cual se configura un grupo en el que encontramos a Isadore From, Paul Goodman, Richard Kitzler, Elliott Shapiro o Paul Weiss, entre otros.

Con el tiempo, Fritz y Laura fueron desarrollando estilos diferentes de práctica y enseñanza.

Fritz se fue alejando progresivamente de Nueva York y durante los años sesenta desarrolló una parte importante de su trabajo en California, especialmente en el Esalen Institute. Sus demostraciones y talleres contribuyeron enormemente a la difusión de la Terapia Gestalt y quedaron asociados a lo que posteriormente se conocería como la orientación de Costa Oeste.

Laura permaneció vinculada al New York Institute y, junto con figuras como Isadore From, contribuyó a desarrollar una orientación que prestaba especial atención a la relación terapéutica, el apoyo, el contacto y los fundamentos teóricos de la Gestalt.

Hablamos, por tanto, de dos desarrollos que parten de unas mismas raíces, y no de dos terapias diferentes.


Costa Oeste: experiencia, awareness y experimentación

La etapa californiana de Fritz Perls contribuyó decisivamente a popularizar la Terapia Gestalt.

Su manera de trabajar era directa, experiencial y frecuentemente demostrativa. La atención se dirigía a aquello que estaba sucediendo en el momento presente: el cuerpo, la voz, los gestos, las interrupciones, las polaridades o las formas en que la persona evitaba contactar plenamente con su experiencia.

El darse cuenta adquiría así un papel central. Al prestar atención a aquello que hace, siente y experimenta en el presente, la persona puede reconocer formas de funcionamiento que se han vuelto automáticas y ampliar sus posibilidades de respuesta.

En este contexto adquirieron gran visibilidad los experimentos gestálticos, entre ellos el trabajo con la silla vacía, la dramatización, la exageración de gestos o el hot seat, formato en el que Fritz trabajaba individualmente con una persona ante un grupo. Su trabajo en Esalen durante los años sesenta convirtió estas formas de intervención en una de las imágenes más conocidas de la Gestalt.

Sin embargo, reducir esta perspectiva a un conjunto de técnicas sería simplificarla. Los experimentos pretendían favorecer el contacto con la experiencia presente y ampliar el awareness de la persona.


Costa Este: relación, contacto y campo

La orientación desarrollada alrededor del New York Institute for Gestalt Therapy puso progresivamente un énfasis especial en la relación, la fenomenología y la comprensión del contacto entre organismo y entorno.

Pero esta perspectiva no supone abandonar los fundamentos originales de la Gestalt.

La concepción del ser humano como inseparable de su entorno ya estaba presente en los textos fundacionales. El propio Gestalt Therapy de Perls, Hefferline y Goodman plantea el self como un proceso que emerge en la frontera de contacto entre organismo y entorno, no como una estructura psicológica aislada dentro del individuo.

La tradición de Costa Este profundiza especialmente en las consecuencias de esta idea.

Desde esta mirada, en terapia no encontramos únicamente a una persona que trae un problema y a un terapeuta que lo observa desde fuera. Encontramos también una situación relacional que ambos están creando.

Terapeuta y cliente llegan al encuentro con su historia, su cuerpo, su manera de percibir, sus expectativas y sus formas particulares de relacionarse. Lo que ocurre entre ambos es algo nuevo que no puede explicarse únicamente estudiando a uno u otro por separado.

Podríamos expresarlo de una manera sencilla:

no solo observamos a la persona; observamos también qué sucede entre nosotros.

Aquí adquiere especial importancia la Teoría de Campo: la experiencia no se entiende como algo producido exclusivamente “dentro” del individuo, sino como algo que emerge de la relación entre la persona, las demás personas y las condiciones concretas de la situación.

Los desarrollos contemporáneos de la Gestalt han profundizado considerablemente en esta dimensión relacional. La literatura gestáltica sitúa además la influencia dialogal de Martin Buber —con quien Laura Perls estudió— como una de las raíces de la importancia concedida a la relación paciente-terapeuta.


Del self al self en acción

Esta diferencia de énfasis puede comprenderse mejor si observamos uno de los conceptos fundamentales de la Terapia Gestalt: el self.

En Gestalt no entendemos necesariamente el self como una entidad fija que se encuentra dentro de la persona.

En el PHG, el self se concibe como un proceso dinámico de contacto entre organismo y entorno. Cambia de una situación a otra y se actualiza constantemente en función de aquello que está ocurriendo.

Esta idea es importante porque evita entender a la persona como algo estático y aislado.

Las perspectivas relacionales y de campo llevan esta concepción un paso más allá y dirigen especialmente la atención hacia cómo se está desplegando ese self en la situación presente.

En terapia esto significa que no solo nos interesa lo que la persona explica acerca de sus relaciones fuera de la consulta.

También podemos preguntarnos:

¿Cómo está relacionándose conmigo ahora?

¿Qué sucede entre nosotros cuando me cuenta esto?

¿Qué cambia en su cuerpo, en su mirada, en su voz o en nuestra distancia?

¿Qué estamos cocreando en este momento?

De esta forma, la propia relación terapéutica se convierte en un lugar privilegiado para observar cómo la persona organiza su experiencia y establece contacto con su entorno.


De la técnica a la observación fenomenológica

Las diferencias entre ambas perspectivas también pueden observarse en la manera de intervenir.

El trabajo de Fritz, especialmente durante su etapa de Esalen, se hizo conocido por el uso de experimentos muy visibles: silla vacía, dramatización, exageración de movimientos, diálogo entre polaridades o trabajo ante el grupo.

Estos experimentos podían permitir que una experiencia que estaba siendo explicada intelectualmente pudiera ser vivida en el presente.

Por ejemplo, una persona puede hablar durante mucho tiempo de una relación importante de su pasado. En lugar de limitarse a hablar sobre ella, un experimento puede invitarla a dirigirse a esa persona imaginándola presente.

El pasado no se investiga entonces únicamente como recuerdo, sino que se observa cómo aparece ahora.

La perspectiva relacional vinculada a Costa Este tiende a poner menos énfasis en provocar una experiencia mediante una técnica y más en observar cuidadosamente la experiencia que ya está ocurriendo en la relación terapéutica.

La fenomenología adquiere aquí un papel fundamental.

El terapeuta procura suspender en la medida de lo posible sus interpretaciones para atender a aquello que aparece.

No interpreta simplemente unos ojos: observa una mirada.

No interpreta únicamente una voz: escucha cómo esa persona le está hablando.

No se pregunta solo qué significa un movimiento: observa qué sucede en la relación cuando ese movimiento aparece.

Esta atención incluye tanto los grandes cambios como los micromovimientos: modificaciones en la respiración, la postura, el tono de voz, el ritmo, la mirada o la distancia corporal.

Lo aparentemente pequeño puede mostrarnos algo significativo sobre cómo se está organizando el contacto.


La diferencia no está únicamente en las técnicas

Podríamos caer fácilmente en la tentación de identificar una corriente con determinadas técnicas y la otra con la ausencia de ellas.

Pero la diferencia es más profunda.

Una silla vacía, una dramatización o cualquier otro experimento no pertenecen necesariamente a una única forma de hacer Gestalt. Lo importante es desde qué comprensión de la persona, del contacto y de la relación terapéutica se propone una intervención.

Del mismo modo, trabajar desde una perspectiva relacional no significa que el terapeuta permanezca pasivo.

El terapeuta forma parte de la situación.

Su presencia, sus sensaciones y aquello que sucede en el encuentro pueden convertirse también en información relevante para comprender el campo que ambos están construyendo.

Por eso el cambio fundamental no consiste simplemente en pasar de unas técnicas a otras.

Consiste en ampliar la mirada:

de observar únicamente qué le sucede a la persona a observar también qué está sucediendo entre la persona, el terapeuta y la situación que comparten.


Una Terapia Gestalt en evolución

Hablar de Costa Este y Costa Oeste resulta útil para comprender algunos momentos de la evolución histórica de la Terapia Gestalt, pero no deberíamos convertir estas denominaciones en dos compartimentos estancos.

Ambas perspectivas comparten unas raíces comunes y numerosos fundamentos: el awareness, el aquí y ahora, la fenomenología, el contacto, la autorregulación organísmica y una concepción holística del ser humano.

Las diferencias aparecen fundamentalmente en qué aspectos se enfatizan y cómo se llevan a la práctica.

La evolución posterior de la Terapia Gestalt ha permitido además integrar y desarrollar muchas de estas aportaciones.

En Perspectiva Gestalt nos interesa especialmente esta mirada integradora. Reconocemos el valor de la experiencia, el darse cuenta y el autoapoyo, y al mismo tiempo incorporamos los desarrollos relacionales y de campo que nos permiten comprender que ninguna experiencia sucede de manera aislada.

La persona forma parte de un entorno, de unas relaciones, de una cultura y de una situación concreta.

Y también la terapia sucede dentro de una relación.

Por eso entendemos la Terapia Gestalt como un enfoque vivo, que continúa evolucionando sin perder de vista sus raíces.

Esta mirada integradora forma parte de nuestra manera de entender la formación en Terapia Gestalt, combinando los fundamentos clásicos de la Gestalt con aportaciones relacionales, fenomenológicas y de Teoría de Campo.